Motherhood

Motherhood

            I believe that there are sacred callings in this life. I believe that we are predestined to certain things during our mortal experience. They may be happy times, or perhaps, they may be challenges. We choose to accept or reject those experiences. Each of us has been given specific traits to help us during this life. We must use those traits to help others and ourselves. I believe that we are all created with certain characteristics that are special and sacred to our individual gender. We have been given roles to help fulfill God’s plan for each of His children on this earth. One of those roles is that of a woman, the noble responsibility of Motherhood.

Motherhood is a calling fit for a Queen. I believe that God honors Motherhood as one of the most sacred duties. It is a blessing to be able to be called a mother. Mothers have the divine experience of creating a human being inside of their own body. Through the sacred union of a husband and wife, a child is born–a child is born of love. That love carries him through his life. He is raised by a mother and a father, yes; however, much of his learning and care comes from his mother. The mother sacrifices her own body so that child can grow. She takes great care to eat things that will fuel her baby as she is pregnant and nursing. She even sacrifices her own comfort and health during those mornings when she hugs the ivory throne.

From the moment a mother knows that she is carrying a child, I believe her outlook changes. She becomes more aware of her surroundings. She learns all she can so that she can teach her sweet child all that he needs to know as he grows. When it is time for the baby to pass through the veil of life, the mother allows her own body to go into an even deeper pain. Her body works perfectly to give life to another of God’s children. God gives us this amazing opportunity to raise His children here on this earth. He gives us strength to endure the difficult times and blesses us with the joyous times. He provides wisdom and stamina as we do our best with this celestial calling.

Life is never the same for the woman who bears a child. That responsibility never goes away. For the rest of her life, children and sacrifice is her main game. She tries her best to guide her children using the principles that will help them return to their Father in Heaven.

I believe that Motherhood is a natural and beautiful experience for women. This being said, I also know that some women do not have the opportunity to bear children of their own. My heart goes out to those women. Right now, I am one of those women. My dear sisters, we can still be mothers even though our bodies have not gone through pregnancy. We are mothers to those around us. We are mothers to our nieces and nephews, to our primary children, and to our neighbor children. We are mothers to our smaller siblings or to those who are less fortunate and do not have a mother in their own home. We are mothers to all around us. Giving birth does not necessarily make you a mother. I believe that true motherhood comes from the divine nature given to us by our Heavenly Father. He has given each woman the beautiful gift to nurture and love. It is with those two traits, specifically, that we can rise to our full potential and be the Mothers we were born to be.

“Maternidad”

Yo creo que hay llamamientos sagrados en esta vida. Creo que estamos

predestinados a ciertas cosas durante nuestra experiencia mortal. Pueden

ser tiempos felices, o tal vez, pueden ser desafíos. Elegimos aceptar o

rechazar esas experiencias. A cada uno de nosotros se nos ha dado

rasgos específicos para ayudarnos durante esta vida. Debemos usar esos

rasgos para ayudar a los demás y nosotros mismos. Creo que todos

somos creados con ciertas características que son especiales y sagradas

para nuestro género individual. Se nos han dado papeles para ayudar a

cumplir el plan de Dios para cada uno de Sus hijos en esta tierra. Uno de

esos papeles es el de la mujer, la noble responsabilidad de la Maternidad.

La maternidad es un llamamiento digno de una reina. Creo que Dios honra

la maternidad como uno de los deberes más sagrados. Es una bendición

ser capaz de ser llamada madre. Las madres tienen la experiencia divina

de crear un ser humano dentro de su propio cuerpo. A través de la unión

sagrada del esposo y la esposa, un niño nace – un niño nace del amor

mutuo. Ese amor lo lleva a través de su vida. Él cierto el hijo es criado por

una madre y un padre, sin embargo, gran parte de su aprendizaje y

cuidado proviene de la madre. La madre sacrifica su propio cuerpo para

que el niño pueda crecer. Ella toma gran cuidado para comer cosas que

alimentarán a su bebé mientras está embarazada y amamantándolo.

Incluso sacrifica su propia comodidad y salud durante esas mañanas

cuando abraza el trono de marfil.

Desde el momento en que una madre sabe que ella está llevando a un

niño en su vientre, creo que su perspectiva cambia. Se vuelve más

consciente de su entorno. Ella aprende todo lo que puede para que pueda

enseñarle a su dulce niño todo lo que necesita saber a medida que crece.

Cuando es el momento de que el bebé pase por el velo de la vida, la

madre permite que su propio cuerpo a entrar en un dolor aún más

profundo. Su cuerpo funciona perfectamente para dar vida a otro de los

hijos de Dios. Dios nos da esta increíble oportunidad de criar a sus hijos

aquí en esta tierra. Él nos da fuerzas para soportar los tiempos difíciles y

nos bendice con los tiempos felices. Él provee sabiduría y resistencia

mientras hacemos nuestro mejor esfuerzo con este llamado celestial.

La vida nunca es la misma para la mujer que tiene un hijo. Esa

responsabilidad nunca desaparece. Para el resto de su vida, los niños y el

sacrificio es su juego principal. Ella hace todo lo posible para guiar a sus

hijos usando los principios que les ayudarán a regresar a su Padre

Celestial.

Yo creo que la maternidad es una experiencia natural y hermosa para las

mujeres. Dicho esto, también sé que algunas mujeres no tienen la

oportunidad de tener hijos propios. Mi corazón se dirige a esas mujeres.

Mis queridas hermanas, todavía podemos ser madres a pesar de que

nuestros cuerpos no han pasado por el embarazo. Somos madres para los

que nos rodean. Somos madres de nuestros sobrinos y sobrinas, de

nuestros hijos de la primaria y de nuestros hijos vecinos. Somos madres

para nuestros hermanos menores o para aquellos que son menos

afortunados y no tienen una madre en su propia casa. Somos madres para

nuestro alrededor. Dar a luz no significa necesariamente que seas madre.

Creo que la verdadera maternidad viene de la naturaleza divina que nos ha

dado nuestro Padre Celestial. Él ha dado a cada mujer el hermoso regalo

para nutrir y amar. Es con esos dos rasgos, específicamente, que

podemos llegar a nuestro pleno potencial y ser las madres que nacimos

para ser.

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